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La Vocación Religiosa
Una vocación religiosa, que tiene el mismo cimiento
que una vocación cristiana, es una realidad de carácter
sobrenatural. Por eso, la formación religiosa es formación
en la vida de interioridad.
En primer lugar, la formación vocacional da
importancia a crear una relación personal con Dios, enseñando
al religioso "a vivir en familiaridad, constante e intima unión
con el Padre por el Hijo en el Espíritu Santo."
Hace a la persona que participe de los misterios, sentimientos,
y la forma de vida de Jesús, estando con El y compartiendo su misión
y destino hasta que vuelva.
Esto cultiva el amor a la Iglesia que es Madre y
persuade al religioso de que, por medio de su entrega a la Orden, el esta
fortaleciendo la unión eclesial.
Se nutre un amor sincero a la Santísima Virgen
Maria, el instrumento de la Trinidad, Madre de Cristo, de la Iglesia,
de la Orden, modelo y protectora de la vida religiosa.
Hacer ver y reconocer a todos los religiosos en sus respectivas
comunidades como miembros activos y vivos de la Orden.
Inculca un espíritu apostólico, que
por naturaleza y por historia pertenece a la esencia de la Orden.
Finalmente, la formación de la vocación,
por medio de todos estos factores, configura la vida del candidato de
acuerdo a la tradición y la espiritualidad de los Agustinos Recoletos;
crea la preparación necesaria, permitiendo al Espíritu que
de frutos por medio de nuestro carisma, el cual inspiró a nuestros
fundadores y que ha sido vivido por los religiosos mas distinguidos.
(Constituciones, Capítulo V, Artículo
142)
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